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Leyendas

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Leyendas

Leyendas sobre Bandoleros

Las leyendas más significativas están relacionadas con el fenómeno del bandolerismo. Entre una de las muchas habladurías o leyendas que tienen como protagonistas los bandoleros que recorrían y se refugiaban en los alrededores de Alfarnate, se cuenta, que José Mª. “El Tempranillo”, uno de los más conocidos bandoleros de la época, que llegando en cierta ocasión a la Venta de Alfarnate, se acercó a una de las mesas donde comían tranquilamente unos lugareños, todos de la misma olla; y les solicitó que le permitieran saciar su hambre comiendo con ellos en su misma olla; a lo que los lugareños respondieron que no, por no disponer en ese momento de ninguna cuchara para prestarle.

El tempranillo que no consideró dicha excusa de su agrado, sacó un trozo de pan duro de su bolsa y quitándole la miga le dio forma de cuchara, y resuelto el único impedimento se dispuso a comer con ellos. Una vez vacía la olla, el tempranillo dijo: “ya que hemos terminado con la comida de la olla, ahora comámonos las cucharas” él se comió rápidamente su “cuchara” de pan y obligó a aquellos hombres a dar algún bocado a sus cucharas. Menos mal que en aquellos tiempos las cucharas eran de madera.

En la época en la que el bandolerismo alcanza su mayor auge, fue prendido en la Venta otro famoso caballista llamado el “Rojo” uno de los siete niños de Écija, y compañero por tanto del “Tragabuches”, el bandolero Torero de Ronda. Y se cuenta que la soledad de su calabozo, mientras esperaba ser trasladado a prisión, el Rojo se lamentaba con este fandango:

"Una mujer fue la causa de mi perdición primera, que no hay perdición de hombres que por mujeres no venga".

Se cuenta así mismo que en la Venta de Alfarnate pernoctó “Luis Candelas” detenido en Málaga por robar un correo Real de camino a la prisión de Madrid.

Cuento y leyenda de Alfarnate

Palancos y Tejones en Alfarnate y Alfarnatejo

En un principio Alfarnatejo estuvo integrado en el término municipal de Alfarnate, del que se segregó en el siglo XVIII, esta separación provocó rencillas y tensiones entre uno y otro pueblo, que perduraban hasta que una lluvia inesperada los unió. La intensidad del agua caída provocó el desprendimiento de una roca, que pendía sobre el camino de herradura que unía ambas localidades, que aún existe (morrón del Malhinfierno) bloqueándolo y haciendo imposible el paso de una a otra. La caída de la enorme piedra es el origen de los sobrenombres de palancos y tejones, con los que son conocidos los vecinos de Alfarnate y Alfarnatejo, respectivamente.

Los ciudadanos de ambos pueblos, después de varias deliberaciones, llegaron a la conclusión de que tenían que unir sus fuerzas, para lograr despejar el camino y que la única forma de hacerlo era desplazar la peña, ya que no disponían de barrenos ni pólvora para dinamitarla. Todos de acuerdo decidieron poner manos a la obra. Los de Alfarnate llegaron al lugar provistos de palancas, con las que pretendían hacer rodar el peñasco. Los de Alfarnatejo, por el contrario se presentaron con espiochas y azadas. La leyenda cuenta que los primeros se mantenían en sus trece, opinando que lo más fácil era desplazar la roca impulsándola con las palancas; los segundos se encerraron que era más práctico socavar la tierra bajo la mole con lo que ésta se movería al menor empuje por la “chorraera” abierta.

Después de largos tiras y aflojas, esto último fue lo que se hizo, hasta llegar al extremo de que la inmensa roca, al carecer de base, rodó cuesta abajo yendo a parar al cauce del arroyo que los alfarnateños bautizaron del Palancar.

Evaluación: aunque existen aparte de las mencionadas otras dos anécdotas e historias populares interesantes hemos destacado aquellas que van unidas a lugares de interés histórico o natural.